sexta-feira, 28 de junho de 2013

Potosí y Ouro Preto: Cuidades hermanadas en la riqueza, en la pobreza y en el Barroco



*Este artículo fue una exigencia de la asignatura Cultura Hispanoamericana I/Segunda evaluación – 2013.1. Curso: Letras/Español -  UFRN – CCHLA – DLLEM, ministrada por el Prof. Dr. Gerardo Andrés Godoy Fajardo
Alumna : Inês Alves da Mota

Potosí

En Las Venas Abiertas de América Latina, Eduardo Galeano (2011) demuestra que los pueblos originarios de América Latina, desde 1492 cuando llegó Colón a estas tierras, fueron víctimas de la colonización y de la explotación de su fuerza de trabajo y de sus riquezas. Es así que comienza la historia de la conquista de América y del sufrimiento de los pueblos nativos. Una de las principales motivaciones de los españoles para emprender sus viajes al “Nuevo Mundo” era la búsqueda y el saqueo de materias-primas, principalmente los metales preciosos con el fin de ampliar el reino español y el del dios cristiano sobre la tierra (p. 28).
Cuadro titulado Sumaj Orcko o Cerro Rico de potosí, pintado en 1548
Cuadro titulado Sumaj Orcko o Cerro Rico de potosí, pintado en 1548
Las minas de plata de Potosí fueron “descubiertas” por los españoles entre los años de 1545 y 1558 (p. 40). El monte tenía más de 5.000 metros de altura sobre el nivel del mar, su circunferencia media una legua – 5.573 m – y su cumbre semejaba un perfecto cono. El cerro majestuoso, el “Cerro rico” se ubicaba en el Alto Perú, hoy, territorio boliviano. Los pueblos de esta región poseían alto nivel de desarrollo en los trabajos con los metales, y ya conocían tanto el oro como la plata, que no tenían para ellos la función de comercio, sino que servían como adornos religiosos. (p. 38).
Indígenas ocupados en la extracción de plata del Cerro Rico. En 1550 se dió en llamar a la montaña,  "La boca del infierno".
Los españoles empezaron a explotar las minas utilizando el trabajo esclavo de los nativos subyugados. En el interior del cerro los trabajadores encadenados picaban la plata sin descanso. Allí comían, dormían y para engañar el hambre mascaban la coca; allí se enfermaban y se morían, porque sus cuerpos no ofrecían defensas a las molestias. Los que resistían se quedaban inútiles, debilitados. La explotación de los indios fue un masacre. En Potosí, 8 millones de cadáveres quedaron en el seno de la montaña. Darcy Ribeiro (apud GALEANO, p. 35) en As Américas e a Civilização evalúa que gran parte de la población nativa de América, Australia y las Islas Canarias murió infectada por las enfermedades traídas por los blancos. Las minas no sólo mataron millones de nativos. También masacraron su identidad étnica. Ellos ocultaban su origen para no trabajar. La deculturación y la pérdida de su identidad original no solo se daba por la imposición de un nuevo modo de vida, como apunta Ribeiro (p. 78 e s.), pero también como forma de resistencia.
Los indios mitayos: la explotación de los indios en nombre de la Iglesia y la grandeza de la corona española.
Lingote de plata potosino
Con la plata de Potosí, fueron erigidas construcciones religiosas cristianas, palacios y burdeles. En este escenario, mientras proliferaban las fiestas de los europeos, vertía la sangre de los indios. Alrededor del gigantesco cerro rápidamente nacía con el esplendor de la plata, una sociedad rica y desorganizada con dos facetas de la vida de sus habitantes: la miseria de los indios y el lujo de los blancos, lujo importado de Granada, Nápoles, Arabia, China, París, Londres etc. 
Portada de la inglesia de San Lorenzo, Potosí
Veintiocho años después del nacimiento de la ciudad, ésta tenía la misma población de Londres, y hacia 1650, tenía 160.000 habitantes. Mientras fluía la riqueza, en Potosí el emperador Carlos V le otorgaba el título de Villa Imperial; la ciudad era el “nervio principal del reino”. En el siglo XVII proliferan las ricas y bien ornamentadas iglesias, teatros, escuelas de baile, casas de juego, las plazas de toro. Potosí era el centro de la vida colonial americana, a su alrededor giraban varias economías de varios países del mundo. ( GALEANO, p. 37-39).
Parte trasera de la Catedral de Potosí
En el siglo XVIII, la Potosí del despilfarro señala el comienzo de su decadencia. Cuando se acabó la plata, después de más de dos siglos de explotación, Potosí cayó en el vacío y la ciudad más rica de América era sólo miseria, nada más restaba de lo que fuera su antiguo esplendor y, de la fabulosa montaña de plata, ahora llena de agujeros, solo quedaron los restos de la explotación: el estaño. Era entonces, una sociedad enfermiza; lo que se podía percibir en la ciudad eran las ruinas de los palacios e iglesias y una inmensidad de cadáveres de indios masacrados por el trabajo nocivo de las minas.
Potosí fue abandonada por aquellos que vinieron a explotarla y dejaron el resto de los trabajadores nativos en la miseria. Estos tuvieron que reorganizarse en una nueva sociedad, heredera de una antigua y compleja cultura precolombina. Son un ejemplo de pueblo-testigo, según los términos de Ribeiro, es decir, descienden de una gran civilización que fue explotada por los colonizadores europeos, heredaron la identidad de sus antepasados y la memoria de la violencia sufrida en el proceso expoliador; son los pueblos-testigos – testigos de todo un cambio que les impusieron (p. 89).
Galeano senãla en su libro escrito en 1971, que hoy día, Bolivia es el país más pobre de América del Sur y uno de los más pobres del mundo y Potosí una miserable ciudad de este pobre país, donde “sólo quedaron vivos los fantasmas de la riqueza muerta”. ( p. 51).

Ouro Preto

La fiebre del oro contamina también Brasil, esclavizando y devastando a los indígenas. Una historia parecida con la de Bolivia se repite en las tierras brasileñas que tuvo su Potosí en Minas Gerais, con Vila Rica de Ouro Preto. A principio, Brasil parecía no tener el precioso metal y a diferencia de la América Española, no había indígenas con alto nivel de desarrollo, tampoco conocían los metales. Tras las explotaciones de los    bandeirantes, la tierra finalmente fue vencida y da sus metales preciosos a los conquistadores.

Pero fueron necesarios dos siglos tras la conquista de Brasil y de los esfuerzos de los propios portugueses para que el oro surgiera, en 1703, en Vila Rica de Ouro Preto, São João Del Rey, Sabará, Ribeirão do Carmo y entonces ya se explotaba una vasta región al mismo tiempo en que se vencía y se aniquilaba las poblaciones indígenas. Para suplir la necesidad de trabajo en las minas, millones de negros fueron traídos de África y absorbidos como mano de obra esclava en el trabajo en las minas (p. 73 y siguientes).
El oro fundido y transformado en barras timbradas aseguraba el control de los lucros y de  la explotación  por la Corona Portuguesa
De las tierras de Minas Gerais, en un corto espacio de tiempo fue extraída la mayor cantidad de oro ya entonces descubierta en el mundo. En el siglo XVIII, el oro arrancado en Brasil por los portugueses superaba el que España, dos siglos antes había pillado de América. En el año 1711, Ouro Preto ya ocupaba la categoría de ciudad, nacida de la oleada de mineros que para allá convergían. Poco tiempo después, la ciudad era tan importante que el poder de sus comerciantes superaba al  de los negociantes de Lisboa. Ouro Preto, “La Potosí de oro”, era la cuña de la   nobleza y la fuerza de los militares.
Iglesia barroca en Ouro Preto
Las ricas y opulentas iglesias barrocas se multiplicaban. En la parte exterior parecían simples, pero esta simplicidad contrastaba con el brillo del oro y el esplendor de sus altares y de sus imágenes. Sin embargo, así como en Potosí, la riqueza súbita de Ouro Preto desencadena el despilfarro en los espectáculos, las fiestas, las procesiones, las corridas de toro, en el lujo, en la moda europea. El oro no duraría para siempre. (ídem).

La edad de oro en Minas Gerais trasladó el eje económico y político del país, pero los mineros desvalorizaban la tierra y entre los años de 1700 y 1713, la región sufría del hambre y de epidemias en plena prosperidad y en el esplendor y en la opulencia: los ricos tuvieron que incluir perros y ratas en su alimentación. Los esclavos, por supuesto aquellos que consiguieron sobrevivir a la travesía del océano, mal tratados, hambrientos sufrían de las más diversas enfermedades, se convirtieron en la fuerza de trabajo, ‘las manos y los pies’ de los blancos exploradores y el oro incrementaba cada vez más la importación de esclavos y absorbía parte de la mano de obra de las plantaciones.

El oro impulsó al aumento de la población de portugueses hacia Minas Gerais y provocó la demanda colonial de productos industriales. Pero, ese oro solo pasaba por Portugal, pues su destino en verdad era Inglaterra, y esto implicaba abrir las puertas para las manufacturas británicas, lo que significaba la ruina de las manufacturas tanto de Portugal como de sus colonias, es decir la muerte de las industrias (ídem).

Mientras Ouro Preto tuvo historia parecida con la de Potosí, ambas constituyéndose como colonias de explotación y no de población, en las minas de Brasil hubo una mezcla mayor entre señores blancos, indios (que no fueron esclavizados, pero tuvieron sus tierras tomadas) y negros esclavizados. En Brasil no se formó un pueblo-testigo, como en Potosí, pero un pueblo nuevo (RIBEIRO, p. 92), una nueva identidad, resultado de la mezcla de los elementos étnico-culturales que lo formaron. Sin embargo, ambas resultaron de proyectos europeos cuyo objetivo era acumular riquezas, sea sacando los metales de las minas, sea produciendo azúcar o tabaco, es decir, enriquecer a costa de la tierra ( p. 79-80).

Como señala Luis Vitale en Los principales períodos de la historia de América Latina (2009, p. 40) en los siglos XVII y XVIII, hubo manifestaciones culturales que caracterizaron el arte propia de América Latina. El Barroco es uno de los más importantes ejemplos, pues se manifestó como resultado de la mezcla cultural, un arte mestizo que conjuga elementos europeo-cristianos con indígenas. El arte barroco es entonces una manifestación mestiza, y mestizos son muchos de sus artistas.

Catedral de potosí
En el apogeo de Potosí, había una gran concentración de artistas, artesanos, pintores y escultores, una mezcla de criollos, españoles e indígenas que contribuyeron en la formación del arte colonial americana. Este arte reúne todos los estilos en la herejía, como el cuadro de la virgen María que amamanta a la vez a Jesús y a su marido; “el signo escalonado” de Tiahuanacu sustituyendo la cruz cerca del sagrado sol y de la sagrada luna; las columnas de estilo europeo adornadas con espigas y la flor imperial de los pueblos incas; las imágenes con sus rostros amorenados y rasgos indígenas (GALEANO, p. 53).
Los Profetas - "El Aleijadinho"
En Ouro Preto, quedaron los desagradables recuerdos de los tiempos del  esplendor del oro, como ciudades abandonadas, llenas de agujeros a causa de la extracción de metales. Sin embargo, resistieron en las iglesias barrocas saqueadas, las ruinas de la colonia, los grandiosos monumentos barrocos, bien como muchos elementos arquitectónicos esculpidos por el “Aleijadinho”. Los portugueses no pudieron pillar la explosión de talentos que generó la estética creadora de artistas como él y su magnífica obra “Los Profetas”, en un tiempo en que ya no había ninguna gloria por profetizar (p. 81).
Potosí en Bolivia y Ouro Preto en Brasil son, por lo tanto, ejemplos del apogeo y decadencia de ciudades fundadas y arrasadas por los invasores españoles y portugueses. El saqueo de los metales ornamentales puede servir como metáfora para la situación de cambio cultural descrita por Ribeiro (p. 78 y siguientes) Toda suntuosidad de los templos y adornos rituales usados por las civilizaciones precolombinas fue expoliada, dejando espacios vacíos en un cuadro “espurio” de la cultura material de esos pueblos. Esos metales fueron usados para erigir otros templos, dedicados a un dios extranjero, construidos por el labor de amerindios y africanos. La mezcla de culturas, pueblos y experiencias produjo manifestaciones mestizas, y el Barroco, con sus contradicciones y antítesis, se torna el auge de esa manifestación.

Potosí y Ouro Preto son ciudades hermanadas en la riqueza, en el infortunio y en el Barroco. En la Potosí del antiguo esplendor, las iglesias, vacías de devotos, sirven a otras finalidades. En los años de 1970, en iglesias como la de San Ambrosio, sobre sus bellos bajorrelieves barrocos se podía mirar carteles como el del estreno de la película: “El mundo está loco, loco, loco” (GALENAO, p. 53).

Referencias

  • GALEANO, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. Buenos Aires: Siglo Veintiuno, 2011.
  • RIBEIRO, Darcy. As Américas e a civilização. Petrópolis: Vozes, 1983.
  • VITALE, Luis. Los principales períodos de la historia de América Latina: contribución al debate del Bicentenario. Santiago: LOM, 2009.


             Orientación del profesor  - Temática/Organización textual:
"La Cultura Barroca sucede tanto en Potosí como en Ouro Preto. Traza paralelismos y diferencias entre ambas ciudades en su desarrollo histórico. Utiliza los textos de Darcy Ribeiro A transfiguração cultural, de Eduardo Galeano Fiebre del oro, fiebre de la plata y el de Luis Vitale Los principales períodos de la historia de América Latina
Haz una introducción sobre la fundación de las ciudades, después describe su desarrollo económico y social y, por último, comenta su declino financiero y el legado cultural."

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